Su suegro quiso humillarla, pero ella le dará una sorpresa Parte 6

Mateo permaneció frente a Beatriz sin poder apartar la mirada de ella. Las palabras que acababa de escuchar habían destruido la historia que había creído durante toda su vida. Su madre no había muerto como todos le habían contado.

—Dime la verdad —exigió Mateo—. ¿Qué ocurrió aquella noche? Beatriz miró a Don Gonzalo y respiró profundamente. —Creo que ya no tiene sentido seguir protegiéndote.

Don Gonzalo negó lentamente con la cabeza. —Beatriz, no sabes lo que estás haciendo. Ella lo miró con lágrimas en los ojos. —Sí lo sé, Gonzalo, y llevo demasiados años viviendo con este peso.

Mateo golpeó la mesa con la mano. —¡Quiero saber qué le pasó a mi madre! Beatriz bajó la mirada y finalmente decidió contarle lo que había ocultado durante décadas.

—La noche que tu madre desapareció, descubrió que tu padre había utilizado documentos falsos para quedarse con parte de la herencia de Ricardo. Mateo sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¿Y después qué ocurrió? —preguntó. Beatriz respiró profundamente antes de continuar. —Tu madre te llamó porque quería despedirse de ti.

Mateo frunció el ceño. —Pero yo nunca recibí ninguna llamada. Beatriz negó lentamente con la cabeza. —Porque tu padre tomó tu teléfono y borró el mensaje.

Mateo miró a Don Gonzalo con rabia. —¿Por qué hiciste eso? El anciano permaneció en silencio durante varios segundos. Finalmente respondió con voz temblorosa.

—Porque tu madre había descubierto algo todavía peor. Valeria sintió un escalofrío y se acercó a Mateo. —¿Qué había descubierto?

Beatriz sacó una fotografía antigua de su bolso y la colocó sobre la mesa. —Descubrió que esta casa nunca había pertenecido legalmente a tu padre.

Mateo tomó la fotografía con manos temblorosas. En ella aparecía su madre parada frente a la casa, varios años atrás. En la parte posterior había una frase escrita a mano.

“La propiedad pertenece a mis hijos.”

Mateo levantó lentamente la mirada. —Entonces mi padre tampoco tenía derecho sobre esta casa. Beatriz asintió con tristeza. —Exactamente.

Don Gonzalo dio un paso hacia ellos. —Tu madre estaba decidida a denunciarme. Mateo lo miró fijamente y respondió con la voz llena de rabia. —¿Y qué hiciste para impedirlo?

El anciano cerró los ojos. —Intenté convencerla de que no lo hiciera. Mateo apretó los puños. —¿Y ella se negó?

Don Gonzalo asintió lentamente. —Sí. Beatriz intervino con lágrimas en los ojos. —Esa noche tu madre salió de la casa con los documentos originales.

—Me llamó desde el automóvil —continuó Beatriz— y dijo que necesitaba esconderlos en un lugar donde nadie pudiera encontrarlos. Mateo miró inmediatamente la caja metálica.

—¿Dónde los escondió? —preguntó. Beatriz señaló la caja. —Aquí, dentro de esta casa. Pero antes de regresar ocurrió algo terrible.

Mateo sintió un escalofrío. —¿Qué ocurrió? Beatriz bajó la mirada. —Tu madre tuvo un accidente.

—¿Un accidente? —repitió Mateo. Beatriz negó lentamente. —Eso fue lo que nos hicieron creer. Cuando llegué al lugar, el automóvil estaba destruido, pero tu madre no estaba dentro.

Mateo quedó completamente paralizado. —Entonces, ¿dónde estaba? Beatriz sacó un pequeño papel doblado y se lo entregó.

Mateo abrió el papel. Solo había una frase escrita con la letra de su madre:

“Si me pasa algo, busca a la persona que estuvo conmigo esa noche.”

Mateo levantó lentamente la mirada. —¿Quién estaba con ella? Beatriz miró directamente a Don Gonzalo. El anciano bajó la cabeza.

—Tu padre —susurró Beatriz.

Mateo retrocedió varios pasos. —No… eso no puede ser. Beatriz comenzó a llorar. —Sí, Mateo. Gonzalo estuvo con tu madre aquella noche.

Mateo se acercó furiosamente a su padre. —¿Qué le hiciste? Don Gonzalo levantó las manos mientras las lágrimas comenzaban a recorrer su rostro.

—Nunca quise que esto terminara así. Mateo apretó los dientes. —¡¿Qué le hiciste a mi madre?!

Don Gonzalo respiró profundamente. —Yo no la maté. Mateo quedó completamente inmóvil al escuchar aquellas palabras. —¿Qué acabas de decir?

—Tu madre sobrevivió al accidente —respondió Don Gonzalo. Valeria abrió los ojos completamente sorprendida. —¿Sobrevivió?

El anciano asintió. —Sí. Pero después del accidente alguien se la llevó. Mateo sintió que todo el cuerpo le temblaba.

—¿Quién? —preguntó desesperadamente. Don Gonzalo miró a Beatriz antes de responder. —La misma persona que lleva años buscando la herencia.

Mateo observó a ambos con incredulidad. —¿Quién es esa persona? Don Gonzalo sacó lentamente otro documento de su bolsillo.

Lo colocó sobre la mesa. Mateo lo abrió y comenzó a leer. Su expresión cambió inmediatamente al reconocer una firma.

—Esta firma… —murmuró. Era la firma de Ricardo, el hermano de su madre.

Mateo levantó la mirada. —Pero Ricardo murió hace muchos años. Beatriz asintió lentamente. —Exactamente.

Mateo volvió a mirar el documento. —Entonces alguien falsificó su firma. Don Gonzalo negó con la cabeza y respondió algo que dejó a todos sin palabras.

—No. Ricardo dejó instrucciones antes de morir.

Mateo sintió un escalofrío. —¿Qué instrucciones? Don Gonzalo señaló la última página del documento. Allí aparecía una dirección desconocida.

Debajo de la dirección había una frase escrita a mano:

“Allí encontrarás a la persona que todos creían muerta.”

Mateo levantó lentamente la cabeza. —¿Quién está allí? Don Gonzalo permaneció en silencio, incapaz de responder.

Beatriz comenzó a llorar. Mateo la miró desesperadamente. —¡Dime quién está allí!

Beatriz finalmente respondió con una voz casi inaudible:

—Tu madre.

Mateo quedó completamente paralizado. Valeria se llevó una mano a la boca, mientras Don Gonzalo cerraba los ojos.

Durante años Mateo había llorado la muerte de su madre. Había aprendido a vivir con aquella ausencia y había aceptado una mentira como si fuera una verdad.

Pero ahora todo había cambiado.

Su madre podía estar viva.

Y si realmente seguía con vida, Mateo solo tenía una pregunta:

¿Quién la había mantenido escondida durante todos esos años y por qué?

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