¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿Por qué siempre que yo llego a esta casa encuentro a mi hija con un delantal y con un trapeador en la mano? Pero, amor, ¿qué tiene eso de malo? Ver video completo 👇
Mira, José, en sí que ella limpie no tiene nada de malo. Lo que yo no entiendo es por qué cada vez que llego siempre encuentro a mi hija de esta forma, mientras que tus hijas nunca cogen una escoba en esta casa.
Pero, Elena, ¿cómo yo le voy a decir a mis hijas que hagan eso? Ellas son niñas de bien. Fueron criadas de otra forma. Ellas no están para estar haciendo este tipo de oficios.
¿Cómo que niñas de bien? O sea que, ¿a ti te parece justo que mientras mi hija trapea esta casa todos los días, tus hijas solo pasen acostadas viendo televisión o metidas en el celular? ¿Tú crees que ellas no están en edad también
para ayudar con las cosas de la casa? Y tras de eso, tú, ahí, acostado te en ese sofá sin hacer nada. Ya llevas tres meses sin trabajo y te la pasas echado ahí día y noche
mientras yo llego cansada de trabajar todos los días para mantenerlos a todos. A ver, a ver, Elena. Si yo estoy aquí ahora descansando es porque yo ya trabajé mucho tiempo en mi vida.
Y sí, tranquila, que ya pronto voy a conseguir otro trabajo. Y con el tema de mis hijas ya te lo dejé muy claro. Mis hijas fueron criadas por su mamá de una manera muy delicada. Yo no las voy a traer a esta casa para que sean empleadas. ¿Tú qué te has creído?
¿Que te he traído empleadas de a gratis o qué? Ten mucho cuidado cómo le hablas a mis hijas, que ellas merecen respeto. Entiende que ellas nunca han tocado una escoba. ¿Cómo las voy a poner yo a lavar unos baños? Ah, ya veo.
Entonces tus hijas no son empleadas. Claro, entonces, ¿la mía sí lo es? Mi hija sí empleada tuya y de tus princesitas, ¿verdad? Pero ¿por qué te quejas tanto, Elena? Antes deberías de agradecer que tu hija haga estas cosas aquí.
Déjala que aprenda. Ella tiene que aprender este tipo de oficios. El día de mañana, cuando conozca a alguien y se vaya a casar, pues ya va a estar preparada para lo que le toca. Ay, José,
esa es la excusa más absurda y ridícula que yo he escuchado en toda mi vida. ¿Sabes qué, hija? Te me vas a tu cuarto ahorita mismo. Quítate ese delantal.
Tú no mereces estar de sirvienta en la casa que te dejó tu padre. ¿Se te olvida que tú ni siquiera una casa propia tienes? Tú viniste a vivir de arrimado a la casa que me dejó el padre de mi hija. Así que, hija, por favor,
ándate a tu cuarto y ponte a hacer los deberes de tu colegio, que eso es lo único que tienes que hacer tú, preocuparte por tus estudios y no estar haciendo oficios en una casa donde los demás no hacen absolutamente nada.
Pero ¿qué te está pasando, Elena? ¿Cómo me vas a hablar así delante de tu hija? Me estás quitando autoridad. A ver, José, a mí tú no me vengas con ese cuento barato de la autoridad.
Yo no entiendo por qué tú no quieres a mi hija. ¿Por qué la tratas de menos? Mientras que yo a las tuyas les doy todo el cariño posible, techo y comida sin quejarme.
Ay, Elena, no seas dramática.No es que yo no quiera a tu hija. Simplemente, la estoy ayudando a que sea una gran mujer. Antes deberías de agradecerme a mí por educarla. ¿Ah, sí? ¿Y por qué entonces no educas a tus hijas también?
Dime, ¿qué tiene de diferente mi hija con las tuyas? Elena, ya te lo dije. Mis hijas son de otro nivel. Ellas van a estudiar, van a ir a la universidad, van a tener sus títulos.
Ellas no son para estar haciendo oficios. Qué nivel ni qué nivel. A mí no me vengas con tus excusas baratas. Y es más, ahorita mismo te me largas de la casa. Yo no voy a seguir permitiendo que ustedes le falten
el respeto a mi hija en su propia casa. Pero ¿qué le pasa a esta mujer? Qué malagradecida es. Uno que le está ayudando a formar a su hija por el camino correcto para
que sirva de algo en la vida y todavía se enoja.
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