Algunas enfermedades pueden desarrollarse durante años sin provocar síntomas evidentes. Por esa razón, suelen conocerse como «enfermedades silenciosas», ya que muchas personas desconocen que las padecen hasta que aparecen complicaciones o son detectadas en un chequeo médico de rutina.
Entre ellas, la hipertensión arterial es una de las más frecuentes. Se estima que millones de personas viven con presión arterial elevada sin saberlo, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y daño renal si no se controla.
La hipertensión arterial generalmente no produce síntomas en sus primeras etapas. Aunque algunas personas refieren dolores de cabeza, mareos o visión borrosa, estos signos no son específicos y muchas veces aparecen cuando la presión ya está muy elevada o existen complicaciones.
Por ello, la única forma confiable de detectar la hipertensión es mediante la medición regular de la presión arterial.
Diversos factores pueden favorecer el desarrollo de presión arterial alta, entre ellos:
Tener uno o varios factores de riesgo no significa necesariamente que una persona padezca hipertensión, pero sí hace recomendable realizar controles periódicos.
Adoptar hábitos saludables puede ayudar a reducir el riesgo o mejorar el control de la presión arterial:
El control periódico de la presión arterial es una de las herramientas más importantes para detectar la enfermedad a tiempo.
La hipertensión no puede diagnosticarse únicamente por la presencia o ausencia de síntomas. Es necesario medir la presión arterial con equipos adecuados y, si los valores son elevados, confirmar el diagnóstico mediante la evaluación de un profesional de la salud.
Si presentas dolor intenso en el pecho, dificultad para respirar, debilidad en un lado del cuerpo, alteraciones del habla o un dolor de cabeza muy intenso acompañado de presión arterial elevada, busca atención médica de urgencia.