Hombre despide a la empleada de servicio para que su esposa limpie porque su mamá se lo ordenó

Ya corrí a Rosa. Le dije que no vuelva. Así que ve agarrando la escoba y el trapeador, porque te toca a ti encargarte de la limpieza.

¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Despediste a Rosa? ¿Te volviste loco? Llevamos cinco años con ella. La casa es enorme. Yo sola no puedo con todo. No puedes simplemente venir y echarla sin consultarme.

¿Consultarte? ¿A ti? ¿Desde cuándo tengo que pedirle permiso a la persona que no pone un solo peso en esta casa? Claro que puedo echarla. Y lo hice. Y vas a poder tú con todo, porque mi mamá estuvo hablando conmigo hace un rato y por fin me quitó la venda de los ojos. Ella tiene toda la razón, Elena, toda. Te tengo demasiado acomodada y ya me cansé de que me vean la cara de idiota.

¿Tu mamá? ¿Viene tu madre a meterte veneno en la cabeza, a meterse en las decisiones de nuestro matrimonio y tú vienes a desquitarte conmigo? Yo soy tu esposa, Roberto. Yo me encargo de todo aquí.

¿Tú te encargas de qué? Por favor, no seas cínica, Elena. No me insultes la inteligencia. ¿De qué te encargas tú exactamente? ¿De respirar mi aire y gastar mi dinero? Te la pasas todo el día metida en esta casa, tranquila, viendo televisión, yendo al gimnasio, haciéndote las uñas, comprando ropa con mi tarjeta y de cafecito con tus amiguitas.

Eso es mentira y lo sabes. Yo me levanto temprano, llevo a la niña al colegio, la ayudo con sus tareas, hago las compras, superviso la casa-

Ay, la pobre mártir. Supervisas a otra mujer limpiar mientras tú te sientas a mirar. Buena para nada. Le pagamos un sueldo a otra persona con el sudor de mi frente para que te haga el trabajo que te corresponde a ti como mujer y como dueña de esta casa. Eres una inútil de lujo, una vitrina andante que solo sirve para gastar.

Yo crío a nuestros hijos, yo organicé este hogar, yo dejé mi carrera por nosotros, Roberto, ¿ya se te olvidó? Hicimos un acuerdo. Tú me rogaste que me quedara con los niños cuando nació el menor para que no los criara una extraña. Me dijiste que querías que estuviera presente.

Dejaste de trabajar porque eres una vaga y te convenía la vida fácil. No me vengas ahora con el cuento barato del sacrificio materno. Mi madre me lo dijo clarito hoy: eres una mantenida, una carga. Mientras yo me estoy partiendo el lomo allá afuera, tragando estrés, soportando humillaciones de clientes, matándome de lunes a lunes para traer cada maldito centavo a esta casa, tú estás aquí flotando en comodidades. ¿Y qué produces? Dime, mírame a la cara y dime qué pro…

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