La carpeta permaneció sobre la mesa mientras Valeria seguía inmóvil frente a Mateo. Durante varios segundos ninguno de los dos se atrevió a decir una palabra. Mateo observaba el rostro de su esposa intentando encontrar una explicación, pero lo único que veía era miedo. Aquella reacción le confirmó que Valeria sabía mucho más de lo que había querido contarle.
—Te pregunté de dónde sacaste esa carpeta —repitió Valeria con la voz entrecortada. Mateo dio un paso hacia ella y respondió sin apartar la mirada. —Me la dio mi padre. Valeria cerró los ojos durante unos segundos, como si aquellas palabras fueran precisamente las que más temía escuchar.
—Entonces es verdad —murmuró ella. Mateo frunció el ceño y sintió cómo la rabia comenzaba a crecer dentro de él. —¿Qué es verdad? ¿Por qué mi padre tiene documentos sobre tu pasado? ¿Y por qué reconociste la carpeta apenas la viste?
Valeria se quedó en silencio, mientras Mateo tomaba nuevamente la fotografía que había encontrado entre los documentos. La colocó sobre la mesa y señaló al hombre que aparecía en ella. —¿Quién es este hombre? Valeria miró la imagen y su rostro perdió completamente el color.
—No deberías haber visto eso —susurró ella. Mateo levantó la voz. —¡Te estoy preguntando quién es! Valeria respiró profundamente y finalmente respondió: —Se llamaba Ricardo. Murió hace muchos años, pero su historia está relacionada con tu familia.
Mateo la observó confundido. —¿Era tu padre? Valeria negó lentamente con la cabeza. —No. Ricardo era el hermano de tu madre. Mateo se quedó completamente inmóvil al escuchar aquella respuesta, porque durante toda su vida había creído que conocía perfectamente la historia de su familia.
—¿Mi madre tenía un hermano? —preguntó incrédulo. Valeria asintió. —Sí, pero tu padre se encargó de que casi nadie hablara de él. Ricardo murió dejando una propiedad y varios documentos importantes. Y antes de morir, había preparado algo para entregárselo a tu madre.
Mateo tomó uno de los documentos con manos temblorosas. —¿Qué tenía que entregarle? Valeria bajó la mirada antes de responder. —Una herencia. Una herencia que podía cambiar completamente el futuro de tu madre y de sus hijos. Pero esa herencia nunca llegó a sus manos.
Mateo sintió un escalofrío. —¿Qué pasó con ella? Valeria respiró profundamente. —Tu padre se quedó con los documentos. Durante años ocultó la existencia de aquella herencia y permitió que todos creyeran que tu madre no había recibido prácticamente nada.
—¿Estás diciendo que mi padre nos engañó? —preguntó Mateo. Valeria respondió con lágrimas en los ojos. —Estoy diciendo que tu padre sabía exactamente lo que había ocurrido. Y cuando descubrió que yo también conocía parte de la historia, intentó alejarte de mí.
Mateo comenzó a caminar de un lado a otro de la cocina. De repente, muchas cosas que antes parecían simples discusiones familiares empezaron a tener otro significado. Las amenazas de Don Gonzalo, su obsesión por controlar su vida y su rechazo hacia Valeria parecían formar parte de algo mucho más grande. —¿Cuánto tiempo llevas sabiendo todo esto? —preguntó finalmente.
Valeria tardó unos segundos en responder. —Desde antes de conocerte. Mateo sintió que aquellas palabras le dolían más que cualquier otra cosa. —¿Entonces te casaste conmigo sabiendo quién era mi familia? Valeria se acercó lentamente y respondió entre lágrimas: —Me casé contigo porque te amaba, no por lo que sabía de tu familia.
—Pero me ocultaste la verdad —respondió Mateo. Valeria bajó la cabeza. —Porque tenía miedo. —¿Miedo de quién? —preguntó él. Ella levantó lentamente la mirada y respondió: —De tu padre. Sabía que si hablaba demasiado pronto, él podía destruir todo lo que habíamos construido.
Mateo permaneció en silencio, intentando procesar cada palabra. Entonces tomó otro documento de la carpeta y descubrió algo que llamó inmediatamente su atención. Era un registro antiguo relacionado con una propiedad. Mateo comenzó a leerlo y sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Espera… —murmuró. Valeria se acercó lentamente. —¿Qué encontraste? Mateo levantó el documento y la miró con incredulidad. —Esta dirección… es nuestra casa. Valeria cerró los ojos y una lágrima recorrió su mejilla.
—¿Nuestra casa pertenecía a tu familia? —preguntó Mateo. Valeria no respondió inmediatamente. Finalmente asintió. —Sí. Esa casa perteneció originalmente a tu madre. Mateo sintió que todo comenzaba a encajar, pero todavía había una pregunta que no podía responder.
—Entonces, ¿cómo terminó mi padre quedándose con ella? Valeria abrió la boca para contestar, pero en ese mismo instante el teléfono de Mateo comenzó a sonar. Ambos miraron la pantalla. El nombre que apareció hizo que Valeria palideciera inmediatamente.
Era Don Gonzalo.
Mateo dudó unos segundos antes de contestar. —¿Papá? La voz del anciano sonó extrañamente tranquila. —Ya hablaste con ella, ¿verdad? Mateo frunció el ceño. —¿Cómo sabes que estoy con Valeria?
Hubo un silencio al otro lado de la línea. Finalmente, Don Gonzalo respondió con una voz fría. —Porque yo fui quien le pidió que te ocultara la verdad. Mateo abrió los ojos completamente sorprendido, mientras Valeria se llevaba una mano a la boca.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó Mateo. Don Gonzalo respiró profundamente antes de responder. —Hijo, todavía no conoces toda la historia. Hay algo mucho más importante que debes saber sobre esa casa.
Mateo sintió un escalofrío. —¿Qué cosa? Don Gonzalo permaneció en silencio durante unos segundos y finalmente dijo: —Esa casa no fue elegida por casualidad. Tu madre dejó algo escondido allí antes de morir.
Mateo miró lentamente las paredes de la sala, como si pudiera descubrir en ellas la respuesta que llevaba tantos años buscando. —¿Qué dejó? —preguntó desesperadamente. Don Gonzalo respondió con una frase que hizo que Mateo quedara completamente paralizado.
—La prueba que puede demostrar quién se quedó realmente con su herencia.
La llamada terminó.
Mateo dejó lentamente el teléfono sobre la mesa y miró a Valeria. Ella estaba llorando en silencio. Entonces él comprendió que el secreto detrás de aquella casa todavía no había sido revelado por completo.
Y mientras ambos permanecían frente a la carpeta abierta, una pregunta comenzó a crecer en la mente de Mateo: ¿qué había escondido su madre dentro de aquella casa antes de morir?
Continuará en la Parte 4…