EL BRINDIS DEL MILLONARIO – PARTE1 – Novelas
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EL BRINDIS DEL MILLONARIO – PARTE1

Señor, por favor, no voltee. Escúchame. Usted está en peligro esta noche. ¿Perdón? ¿De qué está hablando, muchita? De su esposa, señor.

Tengo dos minutos antes de que regrese y lo que le voy a enseñar me lo dio ella. Venga conmigo, ahora. Hace quince minutos su esposa me llamó aparte, señor. Me puso tres mil pesos en la mano y me dio esto.

Me dijo: Ponle estas gotas en la copa del señor. Es su medicina. Él no debe darse cuenta. ¿Mi medicina? Usted no toma ninguna medicina, señor.

Yo le sirvo la mesa cada viernes desde hace dos años. Por eso estoy aquí. Y cuando se dio la vuelta, la oí en su teléfono, señor. Dijo: En cuanto las gotas hagan efecto, llegan los muchachos con los papeles y firma por las buenas.

Los papeles, mi patrimonio. Y esto no lo quiero, señor. No soy de esas. Quédatelos para tus libros, muchacha. Usted es el único cliente que me vira a los ojos, señor.

Por eso no me pude callar. Váyase, señor. Salga por la cocina, tome un taxi, desaparezca esta noche. Gracias, hija, pero no me voy a ninguna parte. Doce años dormí junto a esa mujer.

Esta noche quiero ver con mis propios ojos hasta dónde es capaz de chegar. Vas a servir el vino exactamente como ella te lo pidió. ¿Qué? Señor, no. Con una diferencia. Las gotas se quedan en tu bolsillo.

En mi copsa, solo vino. La actuación la pongo yo. Que me vean caer sin caer. Y esto es lo más importar la mano de esta noche. Hay un mensaje ya escrito, listo para salir.

No leas a quién va, no preguntes, solo envía. Entendido, señor. Tenga muchísimo cuidado. Ya está todo listo, mi amor. Le di las gotas a una meserita muerta de hambre.

Tres mil pesos y ni parpadeó. En veinte minutos, Salomón no va a poder ni sostener la pluma. Doce años, Damián. Doce años sonriéndole a ese viejo. Esta noche me los paga todos juntos.

Perfecto, preciosa. Aquí estamos a una calle esperando tu señal. Los papeles están blindados, sesión total de bienes, tres testigos y un notario de mi confianza esperando mi llamada. En cuanto firme…

No es que es lo más hermoso, mi amor, que el viejo me confió todo. Veinte años siendo su abogado de confianza hasta la clave de su caja fuerte me dio. Nos vemos adentro.

Sonríe, Bárbara. Una última cena con el viejo. Aguanta una hora más. Mañana a esta hora, viuda en vida y dueña de absolutamente todo. Ya volví, mi amor.

¿Me extrañaste? Siempre, princesa. Esta mesa no es lo mismo sin ti. Muchacha, ven, por favor. Tráenos el vino de la casa, el especial para el señor.

Enseguida, señora. El especial para el señor. Por ti, mi amor. Por doce años juntos y por lo que viene esta noche. Por lo que viene, mi amor.

Qué, qué calor hace aquí de repente, ¿no, princesa? Es el estrés, mi amor. Has trabajado demasiado. Tranquilo. Esta noche todo, todo se arregla.

Perdona, mi amor. Ando… tan cansado. Ya pueden venir. Está listo.

Ya mero, mi amor. Ya mero descansas. Caballeros, quince minutos y salimos millonarios. Nadie levanta la voz, nadie toca a nadie. Esto es una firma entre amigos.

El viejo ya debe estar soñando. Vamos por su firma y por todo lo demás. Damián, qué sorpresa, mi amor. Mira quién pasaba por aquí nuestro abogado. Li-licenciado, ¿usted por aquí a esta hora?

Don Salomón, qué gusto verlo. Y qué casualidad tan afortunada, porque justo traigo unos papelitos pendientes que no pueden esperar. Es un trámite sencillo, don Salomón. Una reorganización de bienes, por su tranquilidad y la de su señora.

Es por nuestro bien, mi amor. Tu firma aquí y aquí. Confía en mí, como siempre. Mi amor, firma, corazón. Es solo un papelito.

Solo, solo una cosa antes, licenciado. Toda mi vida me ha gustado brindar antes de firmar. Salud. Por nosotros, mi amor, por el futuro. Mi, mi amor.

Las gotas nunca llegaron a mi copa, princesa. Y el mensaje que acaba de salir de este restaurante iba dirigi…

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