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Creyó que podía mandar en la casa de su hijo… hasta que él defendió a su esposa.

Buenos días, mi amor. Hoy traje a mi madre para que almuerce con nosotros, así que prepárale algo rico para comer, que ya tiene mucha hambre. Claro que sí, mi amor. No te preocupes.

Suegra, qué gusto verla. Bienvenida. Me alegro que nos venga a visitar. Pero esta casa parece un chiquero. Mira, hijo,

mira nomás ese piso tan sucio y esas telarañas en el techo. Parece que en esta casa no viviera una mujer. ¿Y qué es ese olor tan asqueroso? ¿Ese olor a basurero? A ver, señora, yo no sé de qué está hablando usted.

Si yo recién acabo de limpiar toda la casa. De hecho, recién iba a hacer el almuerzo porque recién termino de arreglar la casa. Pues eres una malecha, porque dejaste la casa muy puerca. Y ni creas que vas a hacer el almuerzo.

Ni te atrevas a prender la cocina, porque así como limpias, seguro que has de cocinar asqueroso. Mejor vuelve a trapear el piso con un trapo, anda. Cerámica por cerámica, sacándole lo sucio. Mientras, yo voy a preparar la comida de mi hijo y la mía.

A ver, a ver, a ver, señora, yo no sé por qué usted me está hablando de esa manera. Aquí sí hay una mujer y esa soy yo. Y para su información, a su hijo le encanta la manera en la que yo cocino.

Así que deje de estar inventando cosas. A ver, a mí me bajas la voz. ¿Quién te crees tú para venirme a faltar el respeto en la casa de mi hijo? Mírala, hijo,

mírala a esta sinvergüenza faltándole el respeto a la madre del dueño de esta casa. Y ya te dije, yo soy la que voy a cocinar hoy. Así que ponte a limpiar el piso más bien y deja de perder el tiempo.

A ver, mamá, tú no vas a ningún lado. ¿Qué es lo que te está pasando? Pero hijo, déjame enseñarle a esta mujercita lo que es ser una mujer de verdad. Mira, mamá, Laura puede que no sea una mujer perfecta,

pero ella sabe cocinar y mantiene en orden la casa, así que de eso no vas a estar hablando. Te pido más respeto para ella, por favor. Mira que estás en mi casa, no en la tuya. Así que tú no puedes venir a mi casa

a gritarle de esa manera a mi esposa. Por eso te pido de favor que te calmes. A ver, hijo, entiende que yo soy tu madre. Yo tengo muchos más años que tú, así que yo sé muy bien lo que estoy haciendo.

Confía en mí. Te estoy entrenando a tu mujer para que sea una buena ama de casa y no sea una vaga como muchas que hay en este mundo. Lo siento, mamá, pero yo ya no estoy bajo tus faldas.

Así que si vas a estar en mi casa, no quiero escuchar ninguna falta de respeto hacia mi esposa. Así que ya lo sabes. Si piensas seguirle gritando, mejor te me largas de la casa. Pero hijo, déjame enseñarle a esta mujer cómo

es que se trata a un hombre. Mírala, que por eso es que anda con esos vestiditos cortitos, porque tú la tienes como una princesita. Ese es el problema. Por eso es que después los dejan y andan llorando,

porque ustedes mismos tienen la culpa, por tenerlas como muñequitas. No, mamá, yo no voy a seguir tus consejos. Así que por favor te pido que te retires de mi casa y regreses otro día cuando estés más calmada,

porque con esa actitud que tienes ahora no serás bienvenida en esta casa. Está bien, me voy. Solo espero que no me vayas a buscar llorando cuando tu muñequita te esté engañando. Perdóname, mi amor.

Esa mujer podrá ser mi mamá, pero si no te respeta, no le abriré más las puertas de esta casa. Porque un hombre que no hace respetar a su mujer no es un verdadero hombre. Al casarnos formamos una nueva familia y el lugar de la esposa es intocable.

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