Le Dijo ASu Jefe Que Su Esposa No Estaba A Su Altura… Pero Minutos Después Ella Entró Y Dejó A Todos Sorprendidos

Camila, suelta esos platos y anda a bañarte. Necesito que te pongas el mejor vestido que tengas, porque esta noche hay una fiesta en la empresa y necesito que me acompañes.

—¿Es en serio, Carlos? ¿En serio quieres que te acompañe a un evento de tu empresa?

—Sí, Camila, pero no te ilusiones, que si te llevo es porque el director quiere conocer a las esposas de todos sus empleados. Así que apúrate, que no tengo tiempo para perder.

—Está bien, mi amor. Te prometo que me pondré mi mejor vestido. Ya verás que no te haré pasar vergüenza.

—¡Ja, ja, ja! Ay, Camila, no me hagas reír, que eso es imposible. De ley que voy a pasar vergüenza contigo, pero no me queda de otra. Así que anda, anda, cámbiate rápido.

—Ay, Mayra, ya mandé a la desaliñada de mi mujer a cambiarse. Sí, sí, Mayra, yo sé que voy a ser la burla de todos, pero no tengo más opción. Mi jefe dijo que todos teníamos que llevar a nuestras esposas, así que no me queda de otra. Tengo que llevar a la bruja esa.

Yo solo espero que por lo menos se ponga algo decente, aunque eso es imposible, porque esa ni vestir se sabe. Sí, sí, Mayra, ya no tardo mucho. Solo estoy esperando que esta ilusa se termine de arreglar y salgo para allá.

Sí, espérame. Esta noche la vamos a pasar de lo mejor. Yo solo se la presentaré a mi jefe y enseguida la mando para la casa, porque esta noche yo voy a disfrutar es contigo.

—¿Con que así hablas de mí, verdad? ¿Que soy una desaliñada y una bruja? Años cuidándote para recibir esto. Yo no merezco esto, Dios. Este hombre es un malagradecido.

Pero hoy Carlos se va a tragar sus propias palabras. Esta noche voy a arreglarme, pero me voy a arreglar por mí. Este malagradecido se va a arrepentir de todo lo que dijo.

—¿Es en serio esto, Camila? ¿En serio todavía ni te has bañado? ¿Tú piensas que mi jefe nos va a estar esperando toda la noche?

—Tranquilo, Carlos. Si quieres, adelántate tú, que yo después llego a la fiesta. No quiero retrasarte.

—Está bien, Camila, eso es lo mejor. Yo me iré primero, pero ya sabes, no llegues tarde, porque mi jefe te quiere conocer.

—Sí, Carlos. Ya verás que yo voy a llegar temprano. No te preocupes por eso.

—Ay, Mayra, no me vas a creer. La ilusa de mi mujer no sabe ni arreglarse. Parece que esta noche me voy a librar de ella, porque mira la hora que es y ni siquiera se ha bañado. ¡Ja, ja, ja!

—Sí, sí, amor, tranquila, que yo ya estoy por llegar. Esta noche la vamos a pasar de lo mejor. Y lo mejor de todo es que la ilusa esa capaz ni alcanza a llegar.

—Ay, Dios. Tantos años estuve guardando este vestido para una ocasión especial y esa ocasión nunca llegó. Pero hoy se acaba esto. Cuidé tanto este vestido que me olvidé de mí.

Pero hoy vuelvo a elegirme a mí, porque ya se acabó el tiempo de ser la empleada de este hombre. Yo no pienso seguir siendo la empleada de un malagradecido que no sabe valorar lo que su esposa ha hecho por él. Así que esta noche Carlos se va a dar cuenta de la clase de mujer que tiene.

—Ay, mi amor, ¡qué hermoso te ves! He estado toda la noche esperándote.

—Ay, mi vida, vine lo más rápido que pude. Estaba desesperado por verte.

—Ay, mi vida, tú como siempre. ¿Y tu esposita? ¿A dónde dejaste a la ilusa esa?

—Tranquila, amor. No te preocupes por esa ilusa, que esa se quedó buscando qué ponerse. Y de seguro no encuentra nada porque todo lo que tiene son trapos viejos, así que seguramente ni aparezca por acá.

—Ay, mi amor, pues mejor para nosotros. Así esta noche la tendremos solo para los dos, sin que nadie nos interrumpa.

—Buenas noches, Carlos. Te veo muy feliz con tu compañera Mayra.

—Ay, señor, buenas noches. No pensé que llegaría tan temprano.

—Pues ya ves, Carlos, hoy que es un día tan importante, decidí estar desde temprano en la fiesta. Pero coméntame, ¿dónde está tu esposa? Pensé que vendrían juntos.

—Ay, señor, lo que pasa es que a ella casi no le gusta salir en estos eventos.

—¡Qué lástima, Carlos! A mí me hubiese gustado mucho conocer a tu esposa esta noche.

—Ay, señor, no se preocupe, que no se pierde de nada. Mi esposa es una mujer que vive descuidada, siempre con olor a cocina, así que lo mejor es que no haya venido. Mejor que se quede en casa. Esa mujer no está a la altura de nosotros.

—¿Qué es lo que te está pasando, Carlos? No me parece correcto que hables así de tu esposa.

—Ay, jefe, no la defienda, que usted ni la conoce.

—Pues yo no necesito conocer a una mujer para defenderla. Por el simple hecho de ser mujer merece respeto. Así que es la última vez que ustedes hablan así de ella delante de mi presencia.

—Tranquilo, jefe, le prometo que no volveré a hablar así de mi mujer.

—Jefe, ¿qué es lo que está pasando en la entrada? ¿Por qué todos están mirando hacia allá?

—Ay, Mayra, tranquila, que debe ser alguien importante que ha llegado. Seguro debe ser el vicepresidente o algún otro empresario.

—Dios mío, pero ¿quién es esa mujer tan hermosa que está entrando? Yo a esa mujer no la conozco, ella no trabaja aquí.

—Ay, señor, esa mujer es mi esposa.

—¿Cómo que esa mujer es tu esposa, Carlos? ¿Es en serio que esa hermosa mujer es la mujer de la que tú estabas hablando ahorita?

—Sí, señor, esa es mi esposa.

La espectacular entrada de Camila dejó a Carlos y a Mayra con la boca abierta. ¿Qué pasará cuando esta nueva, hermosa y empoderada versión de Camila enfrente a Carlos frente a su gran jefe?

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