Su suegro quiso humillarla, pero ella le dará una sorpresa Parte 7

Mateo quedó completamente paralizado al escuchar aquellas palabras. Durante años había llorado la muerte de su madre, pero ahora una esperanza comenzaba a despertar dentro de él. —¿Mi madre está viva? —preguntó con la voz quebrada.

Beatriz asintió lentamente mientras las lágrimas recorrían su rostro. —Sí, Mateo. Tu madre sobrevivió aquella noche, pero alguien se aseguró de que todos creyéramos que había muerto. Valeria comenzó a llorar en silencio.

Mateo se volvió hacia Don Gonzalo. —Tú sabías que estaba viva. El anciano bajó la cabeza y permaneció varios segundos sin responder. Finalmente murmuró: —Sí, lo sabía.

—¿Desde cuándo? —preguntó Mateo. Don Gonzalo levantó la mirada con expresión de arrepentimiento. —Desde el mismo día en que desapareció.

Mateo sintió una profunda rabia. —Entonces durante todos estos años me dejaste pensar que mi madre había muerto. Don Gonzalo intentó acercarse, pero Mateo retrocedió inmediatamente.

—No me toques. No después de haberme mentido durante toda mi vida. Beatriz observó a ambos y decidió intervenir. —Gonzalo no fue quien se llevó a tu madre.

Mateo la miró confundido. —Entonces dime quién lo hizo. Beatriz respiró profundamente y señaló la dirección escrita en el documento. —Ella misma pidió que la llevaran allí.

—¿Por qué haría eso? —preguntó Mateo. Beatriz sacó otra carta de su bolso y se la entregó. —Porque descubrió que alguien dentro de la familia quería matarla.

Mateo abrió la carta con manos temblorosas. La letra de su madre aparecía nuevamente en el papel. Cada palabra parecía haber sido escrita pensando precisamente en aquel momento.

“Hijo, si alguna vez descubres que estoy viva, no vengas a buscarme hasta saber en quién puedes confiar.”

Mateo permaneció en silencio mientras continuaba leyendo. Entonces encontró otra frase que hizo que su respiración se detuviera. —Esto no puede ser.

Valeria se acercó lentamente. —¿Qué dice? Mateo levantó la mirada y respondió con dificultad. —Dice que la persona responsable conoce todos nuestros movimientos desde hace años.

Beatriz palideció inmediatamente. —Eso significa que ya sabe que encontramos la caja. Mateo miró hacia la puerta de la casa y sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

De repente, todas las luces se apagaron. Valeria soltó un pequeño grito mientras Don Gonzalo miraba hacia las ventanas. —Alguien cortó la electricidad.

Mateo encendió la linterna de su teléfono. Entonces un fuerte ruido retumbó desde el segundo piso. Los tres levantaron la mirada al mismo tiempo.

¡PUM!

Valeria sujetó el brazo de Mateo. —Hay alguien arriba. Mateo tomó la caja metálica y comenzó a subir lentamente las escaleras.

—Mateo, no subas —dijo Beatriz con desesperación. Él continuó avanzando. —Si alguien entró a esta casa, quiero saber quién es.

Cada escalón crujía bajo sus pies mientras avanzaba por el oscuro pasillo. Al llegar arriba, Mateo observó una puerta entreabierta. Era la antigua habitación de su madre.

Se acercó lentamente y empujó la puerta. Dentro todo estaba cubierto de polvo, excepto una pequeña mesa que parecía haber sido limpiada recientemente.

Sobre la mesa había una fotografía.

Mateo la tomó y quedó completamente paralizado. Era una fotografía de su madre, pero había algo imposible en aquella imagen.

No era una fotografía antigua.

Su madre aparecía sentada frente a una ventana, mirando directamente hacia la cámara. Y al verla, Mateo reconoció inmediatamente su rostro.

—Está viva… —susurró mientras las lágrimas comenzaban a caer.

En la parte posterior de la fotografía había una fecha reciente y una dirección desconocida. Debajo de aquella dirección aparecía una frase escrita con la letra de su madre.

“No vengas solo.”

Valeria llegó corriendo a la habitación. —¿Qué encontraste? Mateo le mostró la fotografía sin poder pronunciar una palabra.

Antes de que pudiera explicar algo, escucharon pasos detrás de ellos. Mateo se giró rápidamente, pero el pasillo estaba completamente vacío.

Entonces su teléfono comenzó a sonar.

En la pantalla apareció un número desconocido. Mateo dudó unos segundos antes de contestar. —¿Quién habla?

Durante varios segundos nadie respondió. Solo se escuchaba una respiración débil al otro lado de la línea.

Finalmente, una voz femenina susurró:

—Mateo… soy tu madre.

El teléfono casi cayó de sus manos. Valeria quedó completamente paralizada mientras observaba el rostro de Mateo.

—Mamá… —susurró él entre lágrimas.

La voz volvió a escucharse.

—Hijo, escucha con atención. No confíes en Beatriz.

Mateo abrió los ojos completamente sorprendido. Lentamente levantó la mirada hacia la puerta de la habitación.

Beatriz estaba parada allí.

Pero su rostro había cambiado por completo.

Mateo permaneció observándola mientras sostenía el teléfono contra su oído. Beatriz no dijo una palabra, pero una expresión de miedo apareció en sus ojos.

—¿Por qué mi madre acaba de decirme que no confíe en ti? —preguntó Mateo.

Beatriz comenzó a retroceder lentamente. —Porque tu madre no sabe toda la verdad.

Mateo frunció el ceño. —¿Qué significa eso?

Beatriz miró hacia Don Gonzalo, que acababa de llegar al pasillo. Después observó la fotografía que Mateo sostenía entre sus manos.

—Significa que ella no está escondida por miedo a tu padre.

Mateo sintió un escalofrío.

—Entonces, ¿por qué está escondida?

Beatriz comenzó a llorar.

—Porque está huyendo de la persona que realmente destruyó a tu familia.

Mateo miró a Don Gonzalo.

El anciano permaneció inmóvil.

Entonces Beatriz señaló lentamente a alguien detrás de Mateo.

—Y esa persona está dentro de esta casa ahora mismo.

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