Dejó a su novia al descubrir que le había quitado la lavadora a su madre.

Mamá, ¿qué haces aquí? ¿Por qué no usas la lavadora nueva que te compré? Hijo, no esperaba verte hoy por aquí.

Jorge, tu esposa vino esta mañana a la casa. Se llevó la lavadora nueva que me compraste. Me dijo que las mujeres de pueblo no necesitamos lujos, que solo sabemos arruinar las cosas caras.

Ay, por favor, no exagere, señora, solo se la dí a mi madre. Ella sí sabe darle uso, uso a una lavadora. Tu mamá nació en el lodo, Jorge, ahí pertenece.

Te atreviste a entrar a la casa de mi madre y robarle lo que yo le compré. Soy tu esposa, y ahora tu dinero es mi dinero, este lugar me da asco. El olor a pobreza se me está pegando a la seda.

Hijo, por favor, no peleen por mí, puedo lavar a mano como siempre lo hice. No quiero ser un problema para tu matrimonio. Hazle caso a la vieja, Jorge, ella sabe cuál es su lugar.

Basta, no voy a permitir esto. Mañana mismo haré el trámite de divorcio, te vas con lo que viniste, sin nada. ¿Puedes hacerme esto? ¡Soy tu esposa!

Pues lo nuestro se termina hoy. Mi madre me pagó la universidad lavando docenas de ropa de sola a sola. Tú solo eres un parásito que se viste de seda, prefiero mil veces compartir mi riqueza con mi madre que con alguien que no tiene corazón. ¡Lárgate!

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