Hijo y nuera obligan a la suegra a cocinar los domingos
La una de la tarde de un domingo, Roberto. ¡Un domingo! La comida no está servida.
Mamá, ven acá inmediatamente.
¿Por qué la maldita comida no está lista, doña Carmen? Dígamelo ahora mismo.
¿Es en serio esta burla? Mi mujer y yo venimos de nuestra casa reventados de cansancio y ni siquiera hay un maldito plato de arroz servido en la mesa.
A ver, a ver, Valeria, ¿me puedes ir bajando ese tonito? Conmigo no te vas a venir a lucir dando de gritos en mi propia cara y bajo mi propio techo. Tú también deberías de ubicar a tu mujer y ubicarte tú de paso, que esta casa no es una fonda para que ustedes vengan a exigir comida todos los domingos como mejor les plazca.
¿Ubicarme a mí? ¿Que me baje el tonito? Mírese, señora, nosotros somos los que venimos hasta este barrio a ver si sigue respirando y nos recibe con las ollas vacías. Es su obligación tener la comida lista cuando su hijo cruza esa puerta.
Yo no tengo ninguna obligación con ustedes. Ustedes están muy, pero muy equivocados si piensan que me van a tratar así. Ya me cansé. Eso de estarles cocinando como esclava todos los domingos se acabó, porque aquí ustedes solamente saben a buscar, a exigir que se les sirva, a sentarse con la boca abierta, pero nunca traen ni una maldita libra de arroz ni una funda del supermercado. Vienen con las manos vacías a vaciarme a mí la despensa. Si tanta hambre tienen y tantas exigencias traen, ¿por qué no te vas donde tu mamá a que te cocine, Valeria? A ver si a ella le vas a patear la puerta para que te sirva.
Uy, ubíquese, señora igualada y ridícula. A mi madre no la meta en su boca de vieja fracasada. Mi mamá no está para estar jodiendo, metida en una cocina oliendo a sofrito. Mi mamá se toma los domingos única y exclusivamente para descansar, porque ella sí trabajó en su juventud, se superó y no terminó como usted. Ahora ella merece descansar.
Exactamente. Mi suegra es una verdadera señora que sabe darse su lugar. Ella tiene quien le sirva. Tú, en cambio, mamá, no tienes nada más que hacer que ver novelas. ¿Tanto te costaba prender un fogón y tener un miserable plato de comida para tu propio hijo? Encima tienes el descaro de reclamar que no traemos nada. Yo te pago el recibo de la luz para que no vivas a oscuras, malagradecida.
Ah, ¿ahora me vas a reclamar eso? ¿Ahora me vas a echar en cara un infeliz recibo de luz? Qué descarado y qué poco hombre que…