Su suegro quiso humillarla, pero ella le dará una sorpresa Parte 5
Mateo permaneció inmóvil mirando la fotografía que Don Gonzalo había colocado sobre la mesa. La mujer que aparecía junto a su madre y Ricardo tenía una expresión seria, pero había algo en su rostro que le resultaba extrañamente familiar.
—¿Quién es ella? —preguntó Mateo con la voz temblorosa.
Don Gonzalo no respondió.
—¡Te hice una pregunta, papá! ¿Quién es esa mujer?
El anciano bajó la mirada y respiró profundamente.
—Se llama Beatriz.
Valeria frunció el ceño.
—¿Y qué relación tenía con tu familia?
Don Gonzalo levantó lentamente la mirada.
—Era la mejor amiga de tu madre.
Mateo tomó nuevamente la fotografía.
—Entonces, ¿por qué dijiste que ella sabe dónde terminó la herencia?
Don Gonzalo permaneció en silencio durante varios segundos.
Finalmente respondió:
—Porque ella fue la última persona que vio a tu madre antes de que desaparecieran los documentos.
Mateo sintió un escalofrío.
—¿Desaparecieran?
—Tu madre no murió sabiendo que había perdido su herencia —continuó Don Gonzalo—. Ella descubrió lo que yo había hecho y comenzó a investigar.
Valeria miró al anciano con incredulidad.
—¿Qué hiciste exactamente?
Don Gonzalo apretó los labios.
—Cometí un error que intenté ocultar durante años.
Mateo dio un paso hacia él.
—No. Ya no puedes seguir hablando a medias. Quiero saber toda la verdad.
El anciano miró la caja metálica que estaba sobre la mesa.
—Tu madre descubrió que Ricardo había dejado una propiedad y una cantidad considerable de dinero para ella y sus hijos. Pero también descubrió que alguien había falsificado documentos para quedarse con parte de esa herencia.
Mateo sintió que la respiración se le cortaba.
—¿Quién falsificó esos documentos?
Don Gonzalo levantó la mirada.
—Yo.
Valeria quedó completamente paralizada.
Mateo cerró los ojos durante unos segundos, intentando contener la rabia.
—Entonces sí la engañaste.
—Sí —respondió Don Gonzalo—. Pero no por el motivo que imaginas.
—¿Y cuál puede ser un motivo que justifique robarle a tu propia esposa?
El anciano no respondió inmediatamente.
Luego señaló la fotografía.
—Porque Ricardo no dejó solamente dinero.
Mateo lo miró confundido.
—¿Qué más dejó?
Don Gonzalo tragó saliva.
—Una verdad que podía destruir a nuestra familia.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Qué verdad?
Antes de que Don Gonzalo pudiera responder, se escuchó un ruido en la entrada de la casa.
Los tres se quedaron en silencio.
Alguien había abierto la puerta.
Mateo se volvió lentamente.
—¿Esperabas a alguien?
Don Gonzalo negó con la cabeza.
Entonces una voz femenina se escuchó desde el pasillo.
—No esperaba encontrarlo aquí, Gonzalo.
El rostro del anciano perdió completamente el color.
Valeria tomó el brazo de Mateo.
Una mujer mayor apareció lentamente en la puerta.
Mateo observó su rostro y sintió que el corazón se le detenía.
Era la mujer de la fotografía.
—¿Beatriz? —susurró.
Ella asintió.
—Sí, Mateo. Soy Beatriz.
Don Gonzalo retrocedió un paso.
—¿Qué haces aquí?
Beatriz lo miró fijamente.
—Vine porque ya no puedo seguir guardando el secreto.
Mateo se acercó.
—¿Qué secreto?
Beatriz miró la caja metálica.
—Tu madre me pidió que protegiera algo el día que descubrió lo que tu padre había hecho.
Mateo abrió los ojos.
—¿Qué protegiste?
Beatriz introdujo una mano en su bolso y sacó un pequeño sobre.
—Esto.
Mateo lo tomó inmediatamente.
En el frente había una frase escrita con la letra de su madre:
“Mateo debe recibir esto cuando descubra la verdad sobre su padre.”
Las manos de Mateo comenzaron a temblar.
—¿Por qué nunca me lo entregaste?
Beatriz bajó la mirada.
—Porque tu padre me amenazó.
Mateo miró furiosamente a Don Gonzalo.
—¿La amenazaste?
—No tenía otra opción —respondió el anciano.
—¡Siempre tienes otra opción cuando se trata de destruir a tu propia familia!
Beatriz intervino con lágrimas en los ojos.
—Tu madre sabía que algún día ocurriría esto. Por eso dejó instrucciones muy precisas.
Mateo abrió el sobre.
Dentro había una fotografía, una llave y una pequeña nota.
Leyó la primera línea y quedó completamente inmóvil.
—“Hijo, si alguna vez encuentras esta carta, no confíes en la versión de tu padre sobre mi muerte.”
Valeria se llevó una mano a la boca.
Mateo levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa esto?
Beatriz comenzó a llorar.
—Significa que tu madre sabía que alguien quería hacerla desaparecer.
Don Gonzalo cerró los ojos.
Mateo lo miró directamente.
—Papá… ¿qué le pasó realmente a mi madre?
El anciano no respondió.
Y entonces Beatriz dijo algo que hizo que toda la habitación quedara en silencio:
—Tu madre no murió como te dijeron.
Mateo sintió que las piernas le fallaban.
—¿Entonces cómo murió?
Beatriz negó lentamente con la cabeza.
—Eso es precisamente lo que vine a contarte.
Hizo una pausa y miró a Don Gonzalo.
—Pero antes necesitas saber algo más.
Mateo apretó la carta entre sus manos.
—¿Qué cosa?
Beatriz respondió con lágrimas en los ojos:
—Tu madre no estaba sola la noche que desapareció. Había alguien más dentro de esta casa… y esa persona todavía está viva.
Mateo miró lentamente a Valeria.
Después miró a su padre.
Y por primera vez comprendió que quizá el mayor secreto detrás de aquella casa no era la herencia.
Era lo que realmente había ocurrido la noche en que su madre desapareció.