La madre descubrió cómo trataban a su hija. y tomó una decisión que cambió todo Parte 3 – Novelas
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La madre descubrió cómo trataban a su hija. y tomó una decisión que cambió todo Parte 3

Elena se acercó lentamente, con lágrimas en los ojos.
—Entonces dime la verdad de una vez. ¿Qué pasó aquella noche?
José respiró profundamente y miró hacia sus hijas.
—Yo no fui quien lo mató, pero sé quién lo hizo.

—¡¿Quién?! —gritó Elena desesperada.
José guardó silencio durante unos segundos y después señaló los documentos que estaban sobre la mesa.
—Tu esposo descubrió que alguien estaba intentando quedarse con su dinero.
—Y cuando quiso denunciarlo, recibió una amenaza que jamás te contó.

Elena sintió que las piernas le temblaban.
—¿Por qué nunca me dijiste nada?
—Porque tenía miedo —respondió José—. Me amenazaron con hacerle daño a mis hijas.
—Y después de aquella noche me obligaron a guardar silencio.

Elena negó con la cabeza, sin poder creerle.
—¿Y quieres que ahora crea que eres una víctima?
—¡Después de haber humillado a mi hija y de haber intentado quitarle su casa!
José bajó la cabeza y respondió con voz quebrada.

—Al principio sí quería aprovecharme de la situación.
—Te mentiría si dijera lo contrario.
—Pensé que podía quedarme con una parte de la propiedad y asegurar el futuro de mis hijas.
—Pero después descubrí que estaba metiéndome con personas mucho más peligrosas de lo que imaginaba.

Elena lo miró con desprecio.
—No intentes darme lástima ahora. Tú elegiste traicionarnos.
—Sí —respondió José—. Y voy a pagar por mis errores.
—Pero si quieres saber quién mató a tu esposo, tienes que escuchar toda la historia.

En ese momento, la hija mayor de José comenzó a llorar.
—Papá, ya no podemos seguir ocultándolo.
—¿Ocultar qué? —preguntó Elena.
La joven sacó otro teléfono de su bolsillo.
—La noche que murió tu esposo, alguien nos llamó desde su teléfono.

Elena sintió un escalofrío.
—¿Desde el teléfono de mi esposo?
—Sí. Y esa persona nos dijo que nunca habláramos de lo que habíamos visto.

La joven reprodujo la grabación.
Al principio solo se escuchaba ruido y una respiración agitada.
Después apareció una voz masculina diciendo: —Si alguien pregunta, él estaba solo.
—Y nadie debe saber que ustedes estuvieron aquí.

Elena miró a José horrorizada.
—¿Quién es esa persona?
José cerró los ojos y respondió: —El hermano de tu esposo.

El silencio se apoderó de la casa.
Elena recordó inmediatamente las discusiones que su esposo había tenido con su hermano meses antes.
—Él siempre decía que no confiara en ese hombre.
—Pero nunca me explicó por qué.

José asintió lentamente.
—Porque tu esposo descubrió que su hermano estaba sacando dinero de la empresa.
—Había documentos, transferencias y firmas falsificadas.
—Y cuando decidió enfrentarlo, todo comenzó a complicarse.

Elena tomó los documentos que estaban sobre la mesa.
—Entonces estos papeles…
—Son parte de la misma operación —respondió José.
—Querían quedarse con la propiedad porque sabían que tu hija era la única heredera.

La hija de José intervino entre lágrimas.
—Y papá aceptó ayudarlos.
—¡No sabía que llegarían tan lejos! —gritó José.
—Solo me pidieron conseguir unos documentos y convencer a tu hija de firmar.

Elena lo miró con furia.
—Así que todo este tiempo utilizaste a mi hija para completar el plan.
José no respondió.
—¡Respóndeme! —gritó Elena.

—Sí —admitió finalmente—.
—La traté como si no tuviera ningún valor porque necesitaba que creyera que dependía de nosotros.
—Quería que se sintiera pequeña para que fuera más fácil manipularla.

La joven rompió en llanto.
—Yo intenté protegerla, mamá.
—Pero papá nos obligaba a seguir sus órdenes.
—Cada vez que intentábamos defenderla, nos amenazaba con echarnos de la casa.

Elena se acercó a las dos jóvenes.
—Ustedes también cometieron errores.
—Pero si realmente quieren reparar el daño, tendrán que decirme toda la verdad.

La hija mayor asintió.
—Hay algo más que debes saber.
—La persona que ayudó a papá no fue solamente su hermano.
—Alguien de tu propia familia también estaba involucrado.

Elena quedó paralizada.
—¿Quién?

La joven sacó una fotografía.
—Mira la fecha de esta foto.
—Fue tomada tres días antes de que muriera tu esposo.

Elena tomó la fotografía y comenzó a temblar.
En ella aparecían José, el hermano de su esposo y una tercera persona.
Pero esa tercera persona estaba parcialmente oculta.

—No puedo ver su rostro.

La joven señaló la esquina de la fotografía.
—Mira el reloj que lleva puesto.

Elena acercó la fotografía a sus ojos.
—Ese reloj…

Su rostro cambió por completo.

—Ese reloj pertenecía a mi esposo.
—¿Cómo terminó en manos de esa persona?

José respondió con voz baja.
—Porque tu esposo se lo entregó aquella noche.
—Lo utilizó como una forma de identificar a la persona que iba a encontrarse.

Elena empezó a comprender algo terrible.
—Entonces mi esposo sabía que lo estaban traicionando.

—Sí —respondió José.
—Y había preparado una prueba para descubrir quién estaba detrás de todo.
—Pero alguien llegó antes que él.

De repente, se escuchó un fuerte golpe en la puerta.
Todos se quedaron paralizados.
José miró hacia la ventana y perdió completamente el color del rostro.
—No puede ser…

Elena se acercó a él.
—¿Quién está afuera?

José susurró: —La persona que lleva años buscando esos documentos.

Elena tomó el teléfono y se preparó para llamar a la policía.
Pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta comenzó a abrirse lentamente.

Una voz se escuchó desde el otro lado.

—Elena… tenemos que hablar.

Ella reconoció inmediatamente aquella voz.

Era la voz del hermano de su esposo.

Elena abrió la puerta y lo encontró parado frente a ella.
Pero no estaba solo.

A su lado había una mujer que Elena conocía demasiado bien.

Era su propia hermana.

Elena quedó completamente destrozada.

—¿Tú también?

Su hermana comenzó a llorar.

—Perdóname, Elena.

—¡No quiero que me pidas perdón! —gritó Elena—.
—¡Quiero saber qué hicieron con mi esposo!

El hermano de su esposo dio un paso hacia adelante.

—Si realmente quieres conocer la verdad, tendrás que escuchar algo que tu esposo grabó antes de morir.

Elena sintió que el corazón se le detenía.

—¿Dónde está esa grabación?

El hombre sacó una memoria pequeña de su bolsillo.

—La tengo yo.

José comenzó a temblar.

—No la escuches, Elena.

Ella lo miró con desprecio.

—Ahora sí voy a escucharla.

Elena tomó la memoria y la colocó en el computador.

La grabación comenzó con la voz de su esposo.

—Si estás escuchando esto, significa que algo me pasó.

Elena comenzó a llorar.

—Elena, quiero que sepas que nunca quise dejarte sola.
—Pero descubrí que alguien muy cercano a nosotros me está traicionando.
—Y lo peor de todo es que esa persona…

La grabación se cortó.

Elena golpeó la mesa desesperada.

—¡¿Por qué se detuvo?!

El hermano de su esposo sonrió.

—Porque esa es solamente la primera parte.

Elena lo miró fijamente.

—¿Y dónde está la segunda?

El hombre respondió:

—La tiene la persona que tú menos imaginas.

En ese momento, la hija de Elena entró corriendo desde el patio.

Tenía el rostro lleno de miedo.

—¡Mamá!

Elena se giró inmediatamente.

—¿Qué pasó?

La joven levantó una pequeña caja.

—Encontré esto escondido dentro de la habitación de papá.

Elena abrió la caja.

Dentro había una carta con su nombre.

En el sobre solamente aparecía una frase escrita a mano:

“No confíes en tu hermana.”

Elena levantó lentamente la mirada.

Su hermana comenzó a llorar.

Y entonces José dijo algo que dejó a todos completamente sorprendidos:

—Esa carta no la escribió tu esposo.

Elena respondió:

—Entonces dime quién la escribió.

José miró directamente a su hermana.

—La escribió ella.

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